NUEVO DÍA

 

 

 

 

 

El trino de la alondra se oye tras la ventana.
Un aroma a jazmín reina en la habitación.
A lo lejos murmulla el agua de una fuente,
y en la fronda tupida, se escucha una canción.

Tus cabellos de oro se esparcen cual cascada
sobre el cálido tálamo que cobija a los dos,
y un suspiro muy suave de tu boca se escapa
mientras sueñas, tranquila, con palabras de amor.

¡Ay, embrujo hechicero de despertar contigo!
¡Que belleza sublime la que encierra el momento
en que entreabres tus ojos y los fijas en mí!
¡Que dulzura me embarga respirando tu aliento!

Perezoso y despacio tu cuerpo se acurruca
junto al mío que, ardiente, lo abraza con ternura,
y tu boca, golosa, se me ofrece entreabierta
mientras libo, extasiado, su melosa dulzura.

Y la alondra que observa desde la alta enramada
el amor que renace al marcharse Morfeo,
admirada de ver tu suprema hermosura
redobla con más brío su divino gorjeo.

Y el jazmín que se enreda junto a nuestra ventana,
también sufre en silencio una callada pena
comprobando, envidioso, cómo un suspiro tuyo
tiene aroma de rosas, de nardos y azucenas.

La fuente, muy curiosa, reduce su rumor,
para escuchar, atenta, el son de tu suspiro,
suplicando a la alondra que baje su clamor
cantando más pausada en su oculto retiro.

Ya la alborada entra por la florida reja...
Ya hasta el cielo reluce con su rojo fulgor...
Ya la vida resuena como una gran orquesta...
Comenzando otro día de nuestro gran amor...

© Antonio Pardal Rivas

Agosto de 2005 .

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