OSCURIDAD...

 

 

 

 

 

 

Hubo una día en que el mar se transformó en la noche.
Y todo estaba oscuro.
Y todo silencioso...
Del cielo se marcharon miriadas de luceros.
El aire no existía,
ni el agua se movía...
Todo era tenebroso...

Yo pretendí gritar rompiendo el maleficio,
mas no surgía el sonido por más que lo intentaba.
Y en silencio lloraba...
sufriendo tal suplicio.

Hubo un tiempo de muerte, de profunda negrura,
en que todo era paz.
Pero una paz extraña,
que te mataba el alma,
plagada de amargura...

¡Hasta la misma Luna del cielo se había ido,
dejando el firmamento sin su plateada luz!
¡Ay, maladada noche que nunca terminaba,
pues también había huído
la luz de la alborada...!

Y yo, triste, pensaba, al ver tanta quietud,
¿Cual será el gran pecado que habremos cometido?
¿Qué cosa habrá pasaso
para que se hayan ido?

¡Amargura infinita que embarga el alma mía!
¡No gimas sin motivos!
¡Ya volverá de nuevo la luz
de un bello día!
¡Ya acabará tu cruz...!

Yo sé que habrá un instante de dicha y alegría,
en que amanecerá.
Y un sol espléndoroso
calentará otra vez el frío que me embarga,
naciendo un nuevo día platórico de luz...

Yo sé que habrá un instante en que esta pesadilla
sin duda, acabará...
y llegado el momento de una nueva alborada

¡El amor triunfará...!

 


© Antonio Pardal Rivas

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