LA TEMPESTAD

 

 

 

 

 

 

La tempestad lo rodea.
En el cielo el trueno suena,
y mientras la nave boga
se levanta la galerna.


¡Olas de infinita fuerza
rompen contra sus amuras,
destrozando la mesana...
con su inigualable altura.!

Pobre barco abandonado,
sin timonel que lo oriente,
navegando a la deriva
escorándose a poniente...

Los rayos caen en el mar
y en la lona arrecia el viento.
¡Mal haya la tempestad
que al bergantín está hundiendo...!

¡Con lo marinero que era
tras su hermosa envergadura!
¿Quien iba a pensar siquiera,
esta triste singladura?

La tempestad ya ha llenado,
de agua del mar la sentina,
mientras las cuadernas crujen
y se destroza la quilla.

¡Malas olas las del norte,
que hundieron al bergantín!
¡Vientos de odio y de muerte,
que lo han destrozado al fin...!

Más la culpa no fue tuya
hermoso barco velero.
Tan solo fue responsable
quien no te llevó a buen puerto...

¡Nunca más ya te veremos
cruzando orgulloso el mar!
¡Naufragaste entre las olas,
por no tener capitán...!

© Antonio Pardal Rivas

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