14 DE FEBRERO

 

 

 

 

 

 

La luz era tenue.
La música suave y muy dulce.
Estábamos solos en casa,
y fuera, tras de las ventanas,
brillaban, radiantes, las luces.

La nieve cubría las calles
con un blanco manto de armiño,
pero en el salón que nos cobijaba,
las llamas del lar crepitaban
templando el ambiente con cómplice guiño.

Tú estabas descalza.
Un tul trasparente tu cuerpo cubría...
y alada bailabas a un ritmo muy lento.
Y yo, hipnotizado por tanta belleza,
de amor y ternura, lloraba y reía...

Tus ojos, rasgados, me miraban fijos,
tus labios sensuales, rojos como fresas,
mostraban, sonrientes, nacaradas perlas,
mientras tus caderas, como olas marinas,
movianse lentas por mis ojos presas.

Encima del bar dos copas vacías,
del cava español que habiamos bebido.
Y al ritmo del baile, con magia infinita,
movias tus manos, lanzándome dulce,
tu muda llamada, con leve quejido.

Era un día catorce del mes de febrero.
No olvido el embrujo que nos envolvía...
Mis brazos, con fuerza, tu cuerpo abrazaron,
y allí se fundieron, tambien para siempre,
tu alma y la mía....

© Antonio Pardal Rivas

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