OASIS

 

 

 

 

 


Dulce como la ambrosía
es el néctar de tus besos.
Suave como el terciopelo,
es tu bellísimo cuerpo.

Blancos cual cimas nevadas,
dulce amada, son tus senos.
Grande como el universo
es el amor que te tengo.

Oasis de palmerales,
húmedo de limpias aguas,
con frescuras infinitas
y ardiente como una fragua,
es la fuente de la vida
que, allá escondida, tú guardas.

Y cuando trepo a las cimas,
acaricio el terciopelo,
tu resplandor me ilumina
y tu dulzura compruebo,
un sinvivir me arrebata
y mi corazón estalla.

Vivo y muero al mismo tiempo,
pues la pasión se me escapa.

Y entonces, enloquecido,
con una furia ignorada,
con un amor más inmenso
que una fulgente galaxia,
busco con ansias la entrada
del edén que oculto guardas,
hasta encontrar el reposo
fundiendo nuestras dos almas...

 

2-noviembre-2005

© Antonio Pardal Rivas.

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