ADIÓS

 

 

 

 

 

 


Hoy se llena mi pecho de alegría
al oir el cantar de los pardales
a la luz esplendente de otro día,
entonando su trino en los zarzales.

Y frente al tragaluz de mi ventana
me extasío bañándome en el sol
de una nueva y radiante filigrana
que cubre el firmamento de arrebol.

¡Cuantos días y cuantas alboradas
llegaron y se fueron silenciosas!
¡Cómo son todas ellas recordadas
cuando llega el final de tantas cosas!

El triste susurrar de un corazón
que a fuerzas de sufrir se encuentra herido
apaga lentamente el diapasón,
inmerso en el cansancio de un latido.

Son pocas alboradas, ya lo noto,
las que alumbran mi vida en el futuro,
pues algo en mi interior quedose roto
abrazado a mi pecho en un conjuro.

Y cuando falte el sol por el oriente.
Y cuando los zorzales queden mudos.
Y cuando el corazón quede silente,
dejando al firmamento ya desnudo...

Aún sentirás latir en tu memoria
una sutil y tierna melodía
recuerdo de la dulce y triste historia
de aquel que se marchó, solo, un buen día...

 

© Antonio Pardal

10-11-08

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