SEDIENTO

 

 

 

 

 

 

 


Crucé raudo la tierra, como un rayo
surgido de tormenta enardecida
en noche de borrasca embravecida
trenzada por centellas de soslayo.

Amé en mi trayectoria sin desmayo
a todo lo creado. Fue mi vida
torrente de pasión incontenida
nacida de un hermoso y fuerte tallo.

Mas poco en recompensa he recibido.
Desdenes, abandonos, sufrimiento.
Olvido de los seres que he querido.

Tan sólo me ha quedado el dulce aliento
que tú, al contemplarme dolorido,
me das cuando me ves de amor sediento.



© Antonio Pardal Rivas

07-07-08

Compartir





























VOLVER