AMANECER

 

 

 

 

 

 


Cuando amanece en mi tierra querida
y la campiña se torna bermeja,
siento en mi cara tu suave guedeja
mientras que tú permaneces dormida.

Oigo el trinar de la alondra que anida
en los trigales que el sol ya refleja,
y allá, lejana, se escucha la queja
de una cigarra que canta afligida.

Cuando por fin se ilumina tu pelo
bajo los rayos del sol que alborea,
todas las aves levantan el vuelo.

Y entre el aroma a jazmín y azalea
cruzan airosas de nuevo ese cielo
que con la luz de tus ojos clarea.



© Antonio Pardal Rivas
16-04-08

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