CONSOLACIÓN -dodecasílabo-

 

 

 

 

 

 

 

Cuando ya no puedo más. Cuando mi vida
se disuelve como humilde azucarillo
y destroza mis entrañas el cuchillo
pregonero de la próxima partida.

No me siento con el ánima afligida
ni me quejo con balar de cervatillo
en el monte abandonado. Miro el brillo
de la senda que he dejado florecida.

No recelo de la ley del universo
que establece que en el mismo todo fluye
como suave manantial. Pues no es perverso

dejar sitio a lo que nace y tierno bulle,
prosigiendo, interminable, lo diverso
en que todo, en su momento, se diluye.

 

© Antonio Pardal Rivas

6-12-07

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