GUADALQUIVIR

 

 

 

 

 

 

 

Con suave majestad, como en un rito
legado de antiquísima cultura
desliza su verdor por la llanura
buscando al gran oceano infinito.

Su andar tiene la paz del morabito
huyendo del fragor de la angostura,
solemne con su mágica andadura
lejana del marjal y del granito.

¡Gentil Wadi al-Kabir, mi amado río!
¡Oh, dulce manantial que en su bondad,
Dios quiso regalar a Andalucía!

Al ver tu mansedumbre y poderío
comprendo la grandiosa dignidad
del pueblo al que regalas tu hidalguía.


© Antonio Pardal Rivas
24-09-07

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