MADRE

 

 

 

 

 

 

 

 

Lucero fuiste en noche tenebrosa,
quitándome las piedras del camino
el tiempo en que cual tierno peregrino
cruzaba lentamente la azarosa

llanura sin igual. Y como diosa
nacida en lo insondable del destino,
luchaste junto a mí contra el dañino
espino de la ortiga y de la rosa.

Y ahora que me hallo en la pradera
tranquila, en que encontré por fin solaz,
gozando una segunda primavera,

recuerdo la dulzura de tu faz,
y ansío traspasar ya la escollera
que ocúltame tu luz de amor y paz.

© Antonio Pardal Rivas

25-07-07

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