EL RÍO -romance heroico-

 

 

 

 

 

 

 

Me paso ya mi vida en la ribera,
tumbado sobre el campo florecido
envuelto en margaritas y amapolas,
recuerdo de los días hoy perdidos.

Oyendo el ulular de la alameda
mezclado con el canto de los grillos
me envuelven tristemente los aromas
de rosas, albahacas y tomillo.

Y sueño que te tengo todavía
oculta tras la sombra de aquel tilo,
los cuerpos abrazados tiernamente,
envueltos en los trinos de los mirlos.

Paréceme tan vívido el recuerdo
que embarga mis sentidos y delirios
que a veces, quedamente, incluso escucho
el dulce diapasón de tus suspiros.

Y así paso las horas tristemente
luchando con la pena de mi sino
pensando en el amor que me entregaste,
ocultos en la umbría de aquel sitio.

Te busco entre las aguas turbulentas,
volviendo a mi memoria el paraíso
que juntos disfrutamos abrazados,
debajo de las flores de los mirtos.

Mas Dios Omnipotente un triste día
quitome tu hermosura en un descuido,
dejándome sumido en soledades
que pronto acabarán también conmigo.

Es tanto el sufrimiento de mi pecho
al verme abandonado en mi escondrijo,
buscando con locura tus caricias,
perdidas en el bravo correntío,

que pido a Dios llorando humildemente,
me lleve a mí también a estar contigo,
al sitio en que descansas solitaria,
aquí, junto al ribazo, en nuestro río.

© Antonio Pardal Rivas

3-07-07

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