TORREMOLINOS

 

 

 

 

 

 

 

Los tristes avatares de la vida
robáronme cruelmente la pasión
que siempre se escondió en la trabazón
de mi alma en tu belleza derretida.

Con lágrimas de sangre en mi partida
sufrí por una injusta vejación,
dejándome partido el corazón,
llagado por artera y vil herida.

Hoy queda, -superada mi tristeza-,
la fe de aquel hermoso sentimiento
que alegre disfruté con tu belleza.

Nostalgia ya es tan sólo lo que siento
al ver, Torremolinos, tu grandeza,
que atisbo en mi forzado alejamiento.


© Antonio Pardal Rivas

31-03-07

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