JESÚS

 

 

 

 

 

Viniste a nuestro mundo a predicar amor;
para nacer buscaste sencillo a la pobreza,
consolando al humilde, y odiando a la riqueza,
sanaste a los enfermos y aliviaste el dolor.

Castigaste al impío con fuego abrasador.
Mas al arrepentido trataste con largueza,
perdonando al pecado surgido en la flaqueza
del que ya arrepentido, fue antes pecador.

Pasados dos mil años, aún sigue la enseñanza
signada con tu muerte en la cruz de un madero.
Aún persiste tu amor. Aún eres la esperanza.

Mas miles de personas en todo el mundo entero
llorosas te preguntan: ¿Por qué tanta tardanza
para hacer de la tierra tu mundo justiciero?.


© Antonio Pardal Rivas

25-03-07

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