A ELLA

 

 

 

 

 

Para que nunca te olvides, mi amor,
de la pasión que sentí cuando era
quien te adoraba con loca ceguera,
aquí te dejo guardada una flor.

Y cuando sola, te mate el dolor,
y sientas tu alma asolada en la espera,
mira hacia arriba, a la cumbre cimera,
que allí estaré, junto al Sumo Hacedor.

Piensa en los días que juntos pasamos
bajo el amor más inmenso del mundo
que eternamente trabamos los dos.

Sueña aguardando a que juntos vivamos,
ya, de por siempre, en un goce profundo,
incorporados al seno de Dios.

 

© Antonio Pardal Rivas.

25-12-06

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