CUERVOS

 

 

 

 

 

Hay cuervos negros que anidan sombríos
en la arboleda que adorna mi huerta
y cuando oscura se vuelve la noche
graznan horribles canciones de muerte.

Sube el hedor de la trágica tumba
donde tozudos pretenden lanzarme,
pero una voz que resuena en lo alto
echa a las aves vestidas de luto.

Son dos los cuervos, tan solo son dos,
mas su plumaje tan negro me imbuye
un gran terror al mirarle los ojos,

pues sé muy bien que, tenaces, prosiguen,
hasta dejar descarnados mis huesos
y terminar con mis dulces canciones.

© Antonio Pardal Rivas

09-diciembre-2006

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