DESPEDIDA

 

 

 

 

 

Cuando me haya marchado al lugar sin retorno
y al renacer la aurora encuentres solitario
el tálamo querido que nos unió a diario
en el albor naciente de aquel hermoso entorno,

contempla sin tristeza el plácido contorno.
Y desde la ventana, mira el bello escenario
que en los días de invierno, como un albo sudario,
se cubre por la nieve, su mas preciado adorno.

No añores mi presencia, que yo estaré a tu lado,
entre los altos olmos, junto a aquel bello sauce,
silbando con el viento los más hermosos sones.

No llores por mi ausencia, que cerca, enamorado,
te adoraré en el río, en nuestro amado cauce,
cantando en sus cascadas mis más tiernas canciones.

 

© Antonio Pardal Rivas

Octubre-2006

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