PEREGRINO

 

 

 

 

 

Voy recorriendo, tranquilo, el camino
que me aproxima a la hermosa ribera.
Ya voy bajando la cumbre cimera
al lento paso que marca el destino.

Marcho cansado, como un peregrino
hasta la meta que dulce me espera,
donde me aguardas con luz justiciera
Tú que, de siempre, marcaste mi sino.

Hoy ya me acerco al final de la senda
que eternamente me tienes trazada,
a donde reina la paz y alegría.

Pronto podré presentarte la ofrenda
que, para darte, yo tengo guardada.
¡Juzga benigno mi vida ese día...!

© Antonio Pardal Rivas

10- Septiembre-2006

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