LA HUIDA

 

 

 

 

 

El camino azaroso de la vida
no marcha contrayéndose hacia dentro,
pues no encuentra, aterrado, otra salida
que expandirse, imparable, desde el centro.

Subiendo por estepas infinitas
situadas a millones de años luz.
Tratando de observar entre los astros,
la materia que existe y es oscura.

Contemplándose a sí mismo intentando descubrir
el arcano que aún ignora y lo hunde en la locura...

El origen secreto de la vida
lo vislumbra el vertebrado, en la noche de los tiempos,
desde su ínfima guarida,
observando asustado y muy atento
aquello que, parece, aconteció
el día de la partida.

Fue tan grande aquel fragor
que por siempre sigue huyendo
la materia espantada de pavor.
Y la vida que surgió, a lo largo de la huida
se pregunta en su ignorancia, ¿para qué estoy aquí yo?.

El arcano profundo de esta huida
es callado, silencioso. A nadie da explicación.
Tan solo se comprueba su terror
por esta inmensa explosión,
con una imparable huida...
y una eterna evolución...

¡Oh, vida!, ¿Por qué inquieres lo evidente?
¡Aunque el Universo calle!
¡Aunque no encuentres a Dios!
¡Tú has llenado lo infinito con tu ego inteligente,
tan sólo porque exista y se contemple
la primigenia explosión!

Y llegará la hora que se intuye,
detrás de otra insondable evolución,
en que entiendas del todo a lo que huye,
comprendiendo la inmensa Creación.

 

© Antonio Pardal Rivas

Agosto-2006

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