MI ROSALEDA

 

 

 

 

 

Cruzando el desierto de una vida amarga,
no encontré el oasis de las aguas frescas.
Solo hallé el olvido y la pesada carga
de una inmensa pena.

Congoja de ver la senda acabarse
y al eden buscado oculto en la noche.
Angustia de ver la vida frustrarse,
envuelta en reproches.

¡Caminos andados regando mil rosas,
para que me diesen su aroma hechicero!
¡Caminos perdidos en tierra arenosa
de errado sendero!

Cruzando el desierto de una vacua vida
buscando con ansia ternura y amores,
jamás recibí palabras amigas,
ni rosas, ni flores.

Solo tú me diste, al fin de la senda,
cosecha repleta de hermosos colores...
Y hoy grito con fuerza: ¡Mereció la pena,
sufrir mis dolores...!

Muy tarde encontré mi jardín perdido...
¡Que oculta se hallaba la buena vereda...!
Mas hoy ya descanso, dichoso y querido,
en mi rosaleda...

 

© Antonio Pardal Rivas

6-julio-2006

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