OLVIDO

 

 

 

 

 

¿La recuerdas?
¿Recuerdas aquella noche?
¿Cuando me diste aquel beso
en el cesped del jardín,
envueltos por el aroma
de aquel frondoso jazmín?

¿Tan pronto la has olvidado?

¡Que poca memoria tienes!

¿No recuerdas nuestras lenguas
jugueteando entre sí,
mientras tu cuerpo adorable
me dejaba entrar en tí?.

¿Se te ha olvidado el quejido
que tu garganta exhalaba,
mientras que yo, con dulzura,
tus senos acariciaba?

¿Se te ha olvidado el rasguño
que con tus uñas me hiciste
y el bocado que en mi labio,
sin contenerte me diste?

¡Que poca memoria tienes!

¡No te comprendo, mujer!

¡No entiendo tu gran olvido!

¿Cómo me dices ahora,
que entre nosotros no hay nada?
¡Si yo no puedo olvidar
cada poro de tu cara!

¡Si ya me paso la vida
recordando tus suspiros!
¿Por qué me dices ahora
que es falso lo que yo digo?

¡Que poca memoria tienes!

Pero por más que lo niegues
yo sé que tú fuiste mía,
en el jardín de tu casa,
con la luna por testigo.

Y me juraste mil veces
que sólo a mí me querías.

Y si niegas lo evidente
y me pones de embustero,
pues te salió un pretendiente
al que le sobra el dinero,
comprenderé tu postura
y tu desdeño fingido.

Y guardaré hasta mi muerte
el recuerdo de tus besos
y de tus tiernos quejidos,
aunque el dinero maldito
me robase arteramente
lo que yo más he querido...

© Antonio Pardal Rivas

Abril de 2006

Compartir  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLVER