HOY...

 

 

 

 

 

 

Sus ojos negros cruzaron,
con los míos su mirada,
mientras que su dulce boca
una sonrisa enviaba.

Fueron segundos eternos
que jamás olvidaré,
pues con los ojos me dijo
el amor que me tenía
esa divina mujer.

Fueron instantes fugaces,
e interminables también,
que siempre se alarga el tiempo,
cuando existe un gran querer.

Hoy la he visto sonreir
mirándome fijamente,
y a mi corazón ha vuelto
un sentimiento olvidado:
el de amar y ser amado.

Un instante se rozaron
nuestros dedos levemente.
Y al recordar todavía
ese contacto liviano,
me estremezco de pasión,
con el sublime deseo
de acariciarle sus manos.

Hoy contemplé su melena
tan rojiza como el fuego,
y cuando pienso en sus ojos,
y el fulgor de su cabello,
la tristeza me domina,
y de tanta pena, muero...

Hoy caí bajo el influjo
de su mirar sugerente,
y me envolvió la belleza
de su cara adolescente.

Mas recordé con tristeza
la pasada juventud,
y abatí mis viejos ojos,
hacia el suelo... lentamente...
deslumbrados por su luz...

 

© Antonio Pardal Rivas

Enero, 2006

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