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SONETO DODECASÍLABO

Sufre, alma, sufre inerme la tortura
de arrastarte por el piélago azaroso
mientras subes tu camino pedregoso,
por hediondo cenagal, en noche oscura,

No tropieces en la oculta cortadura
de la trampa que coloca el mal doloso,
soslayando al rufián y al alevoso,
y elevando tu mirada hacia la altura.

¡Sufre y calla cuando ataque la ignorancia!
¡No repliques la insolencia del airado!
¡La incultura, por sí sóla, es muy osada!

¡Cruza incólume la huera altisonancia,
sin parar ante el insulto del malvado!
¡Sigue y calla, cual si no pasase nada...!


© Antonio Pardal Rivas

Noviembre, 2005

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