AVISOS

 

 

 

 

 

 

 

El cielo estaba triste.
Y lloraba....
Con vientos y rugidos fantasmales,
que al hombre, el microbio más dañino,
aterraban...

Estaba muy enfadado.
Y su agua desbordaba
las plácidas llanuras que, en la tierra,
el Sumo Creador del universo
al hombre había donado.

La Tierra protestaba
de tanta predación y tanto daño
que el hombre le causaba.
Sufría tan enorme desengaño...
que temblaba.

Movía cordilleras y llanuras...
Y furiosa,
destrozaba los lares del humano,
sin piedad para el niño o para el viejo,
negándoles su amparo.

El mar, embravecido,
elevaba sus aguas hasta el cielo
con terribles tsunamis que invadían
las zonas que Dios al hombre destinara.

¡Otro Diluvio inmenso se estaba barruntando!
¡Un segundo castigo divino se alumbraba!
¡Y ahora, quizás, su ayuda no llegase!
¡No habría ningún Noé salvándose en el Arca!
¡Ni una humilde paloma anunciando la calma!

Mas, a pesar de todo,
el hombre, en su soberbia,
no atendía los avisos
que Dios, en su bondad, estábale mandando.

Y envuelto por el lodo,
creyéndose, ufano, el rey del universo,
seguía por doquier, matando y depredando.

Era cuestión de tiempo,
que la Tierra, al hombre, inerme eliminara.

Y volvería el momento,
en que nadase el pez bajo aguas cristalinas.

El resto de animales,
felices y tranquilos,
se viesen liberados del ser que al aire contamina.

Y los bosques,
pletóricos de plantas y de flores,
devolviesen al mundo sus colores.

Sólo se habría extingido,
el que causaba el daño.

Y este humilde planeta, en el inmenso cielo,
proseguiría su marcha, curadas sus heridas,
alrededor del sol...
impávido... girando...

© Antonio Pardal Rivas

Octubre de 2005.

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