Aquel amor ardiente de un día, se hizo frío hoy.
Su fuente siempre fluía… y con el tiempo se secó.
Ni el dolor, tampoco el sufrimiento hicieron que no
volviera a emanar su manantial. Todo se truncó.
El alma se moría, y su giro era desenfreno, no había
ilusión ni placeres.Todo se tornó en vacío y yermo,
donde se quedó para siempre, sin atracción, quedando
el desdén y la indiferencia. Unida a la esperanza duermo.
Llegando el momento del desamor, donde el alma
ya ni siente ni ronronea y… Se paró el reloj. Volvió la calma.
Llegando el momento de reflexión donde ordenas pensamientos
sin que deje mella la razón. La perseverancia de la vida cuando ama.
Y ya no duele nada, porque se llega a la convicción,
de que los años son los que saben siendo nuestro motor.
De ellos se aprende a consolar al corazón; es sabio
y errante de la vida. Sólo él, nos da el control.