Esperanza Macarena

 

 

 

Ya contemplo tu faz tan hermosa,
ya percibo tu aroma a azucena.
Ya diviso tu cara llorosa.
Ya te acercas a mí, Macarena.

Vas andando, muy lenta, despacio,
con tu rostro bonito, de pena,
y pasitos de lento cansancio,
Virgencita de cara morena.

Unos lloran, al verte afligida,
otros cantan saetas hermosas
que nos cuentan tu llanto y tu herida,
y te ofrecen cual ramos de rosas.

Cuando veo tus ojos tan tristes.
Cuendo pienso en tu Hijo en la Cruz,
me doy cuenta de lo que sufriste,
Madre eterna de Dios y su Luz!

Poco a poco te vas acercando
a la esquina donde me cobijo,
y te rezo y te grito, llorando.
¡Madre mía, han matado a tu Hijo!

Ya el incienso da olor al ambiente,
y mi mano ya casi te alcanza.
Ya me muero de amor, solo al verte,
con tu cara de dulce Esperanza

¡Reina y Madre del gran universo!
¡Lo más bello que Dios ha creado!
¡Hoy quisiera escribirte aquí, en verso
el más tierno poema pensado!

¡Mas no puedo sacar de mi pecho,
con mi pobre y humilde escritura,
este Amor que me tiene deshecho
al pensar en tu triste amargura!

Es por ello que quiero rogarte
un favor, pués me embarga la pena:
danos paz y bondad para amarte,
Santa Madre de Dios... Macarena...

© Antonio Pardal Rivas

Recitado por el autor

 

 

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